Haz el trabajo una vez, para una persona real, antes de cobrarle a alguien precio completo.
Gratis o barato, para un vecino, un amigo, alguien de la iglesia. No para tu propia casa — tiene que ser alguien que te diga la verdad y cuyo trabajo no puedas dejar a medias.
No puedes ponerle precio a un trabajo que nunca has hecho. Todos calculan de menos. Crees que la limpieza toma dos horas; toma cuatro y usaste el doble de material. Si hubieras puesto el precio primero, te habrías amarrado a trabajar por seis dólares la hora y no lo habrías sabido en un mes.
Hazlo una vez, con el reloj corriendo, y después pon el precio según lo que de verdad pasó.
Tómate el tiempo. De principio a fin, incluyendo preparar y recoger. Anota el número ese mismo día, no después de memoria.
Anota lo que usaste. Cada bolsa, cada botella, cada pieza, y la gasolina para llegar.
Fíjate en qué salió mal. Lo que se te olvidó. El paso que tomó tres veces más de lo que pensabas. Ese es tu costo real.
Dos cosas, y tienes que pedir las dos en voz alta:
Después haz la pregunta difícil: "¿Qué debí haber hecho diferente?" Quédate callado toda la respuesta. No expliques. Ese es el minuto más valioso de todo el trabajo.
Dile al coach cuánto tiempo tomó de verdad, qué usaste, y qué te dijeron. Eso es lo que se convierte en tu precio y en tu primera prueba.